sábado, 2 de agosto de 2008

EL DIARIO

Como hoy me he regalado un diario, voy a escribir algo en él ahora, mientras como.

Sí, me lo he regalado yo misma, así, sin ton ni son, pues ya está bien de regalar a los demás de esa forma y que los demás no se acuerden de una y eso que, pero no todos, nada más que cuando es mi cumpleaños.

Pues, ¡hale! Que sirva esto mismo como encabezamiento del librito. ¡Quien me lo iba a decir a mí, que a mis años, me pusiera a escribir un diario! Pero, ¿no lo hacían todas mis amigas cuando éramos jóvenes?

¡Anda! Ahora que lo pienso, lo mismo lo siguen haciendo y soy yo la única que no lo hacía, como entonces, pues lo veía tan tonto, tan fuera de lugar, tan cursi, como me decía mi madre.

Pero bueno, todos cambiamos. Hasta la situación ha cambiado para mí desde entonces, y no diría que para bien precisamente. Aunque, si he de ser sincera, sí ha habido unos buenos años, pero, ¡ quedan tan lejos! Y eso que no hace más de cuatro, en que la situación no era así, no, qué va, ni muchos menos, pero aun así, quedan lejísimos para mí. ¿Por qué pueden llegar a cambiar de esa forma? ¿En qué nos equivocamos? Y ¿En qué momento fue, que no me di ni cuenta?

Creo que no hubo momento, que fue poco a poco. ¿Paulatinamente se dice? Creo que sí. Que se dice así, pero como una lleva tanto tiempo sin tocar una pluma como se suele decir,- nada más que las de los canarios, cuando limpio la jaula- pues ya pierde una hasta lo aprendido en el colegio, pues el instituto, no es que no lo llegase a pisar, pero fue eso, pisarlo,- hollarlo creo que quedaría más literario, pero en fin, ¡qué más da, si solamente voy a leer yo esto!- presentarme, como todos, y ni llegué a terminar el primer curso.

Primero, que la madre se queda embarazada; y como una era la única hija, pues, ¡hala! a dejar de estudiar, porque el embarazo la sienta mal y no puede hacer nada de la casa. Ni cuidar a los pequeños. Que hasta la sentaba mal que jugasen a su lado. La levantaban dolor de cabeza, decía. ¡Toma! ¿Y a mí? No solo dolor de cabeza, que hasta me levantaban las faldas y ella decía que: “-Son niños, lo hacen jugando. No tienen malicia, mujer” No, si no tendrían malicia, pero a mí me daba rabia. Me ponía de mala leche.

Claro que por no recriminarles, le vino una multa del ayuntamiento, por ese motivo. Porque le vino bien a Pablito: le “venía de mano”, como él dijo, la hija del alcalde por la acera, con una minifalda, -que dicho sea de paso, la niña las llevaba con “menos tela, que un traje de Tarzán de cuatro pelas”- que según meneaba el pompis se le veía, ya casi, la partida de nacimiento y, “ no pude resistir la tentación”, nos dijo.

Claro que, también, mira que fue tonto: la madre pagó porque él quiso verle las bragas a una chica que después fue su novia y su mujer, cuando si hubiese sabido tener la mano quieta, y hubiese sabido esperar, le hubiese salido gratis verlas, como a todos les sale, que mira que te dan la lata con que, “si nada más quiero verlas”,” que no te toco, de verdad”, “mira, me pongo las manos a la espalda y tú me las enseñas”. ¡Que esa es otra! Tú ya estás cansada de hacer lo mismo y él con las manos quietas. No si, unos tanto, con mano larga, y otros tan poco, con mano tonta. Y tú te dices: ¡pero cuándo se va a decidir el alelao este!

A lo que iba. Lo segundo, la segunda causa por la que dejé el instituto, fue que la que se quedó embarazada fui yo. Y es que, a Arturo, se le debió de despertar la mano, o se cansó de ver solamente, y se lanzó. ¡Oye! ¡Que, qué ímpetu! ¡Qué rapidez en quitarse lo que le estorbaba para hacer lo que tenía que haber hecho ya hace tiempo! Ahora que, como una no es de piedra y ya me estaba cansando la situación de exhibidora, -¿O se dice exhibicionista?. Bueno, es igual: que ya estaba harta de enseñar y no ver, y en cuanto vi “aquello” y con las ansias que se me vino encima, lo recibí sobre mí para aplacar tantas ansias reprimidas, igualitas a las de él, y sin las prendas que estorbaban la labor a realizar, pues en eso de quitárselas, siempre he sido más rápida que él, una vez decidida a hacerlo, o quizás, que soy más mañosa que él, que todo hay que decirlo, o aclararlo, pues no se vaya a creer nadie, que es que era ligera de cascos, o de ropa, no, no, ni mucho menos.
Bueno, vamos a ello.

Día primero.

Hoy, he vuelto a comer sola. Aunque para ser sincera, esto no es totalmente cierto. Tengo a mi lado a mi perrita. Mi fiel y amada amiga, casi hermana, por no decir casi una hija, que lo mismo se enfada, se molesta por compararla así, que come conmigo todos los días. No en el mismo plato, pero sí de lo que yo como, pues la doy algo de mi comida y se pone más contenta que unas castañuelas en manos de Antonio Gades.
También me acompaña alguno de los gatos, otros están dentro de casa, pues están más frescos que aquí en el porche, que aunque me haya puesto el ventilador junto a mí, y esté a la sombra del emparrado, para ellos hace calor y como son “más suyos” van a su aire. Otros estarán de farra por ahí, pues se van de casa, andan por todo el barrio, y se tiran varios días sin aparecer. La gata cuando está mucho tiempo fuera, después viene y no se va, hasta que no te deja otra camada, después que los cría y se valen por sí solos, vuelta al barrio y a empezar de nuevo.

Podría haber preparado la mesa del comedor, pues en la cocina hace mucho calor y no hay quien pare dentro, pero para mí sola, con todo lo que tiene encima y por no ponerme a colocarlo en su sitio..., como que no, me da una pereza...

¡Además! ¿Para qué voy a colocarlo yo? Que ya se lo vengo diciendo hace tiempo, tanto a él, como a mis hijas: que no pongan tantas cosas encima de la mesa, que las dejen en su sitio, ya que el trabajo sería el mismo, o que después las coloquen en sus respectivas habitaciones o lugares de cada cosa. Pero nada, como el que oye y ve llover, ni caso. Por un oído me entra y por el otro me sale. ¡Y ya estoy harta!

Ya me harté hace tiempo. Comencé por no recogerlas las habitaciones cuando limpiaba la casa. ¡Oye, que parecía que habían entrado ladrones, mira tú! Había más calzado y ropa tirada por el suelo y sobre las camas, que dentro de los armarios. Los cajones abiertos, y las puertas, y las ropas colgando de ellos. ¡Ya está bien! ¡Recoger las habitaciones ahora mismo! ¿Pero cómo podéis dormir ahí, de esa forma? Nada, seguían oyendo llover. Entonces, tomé la determinación de no hacerlo yo. Cuando tengan que acostarse, ya recogerán y colocarán. ¡Já!
Duermen el los sofás del salón, dicen que, es que se quedan “viendo la tele”, pero no creo que con los ojos cerrados se llegue a ver nada, o se van a dormir a casa de alguna amiga o la de algún amigo.

Yo pensaba que lo harían porque sus amigos serían más ordenados que ellos y por eso se quedaban en sus casas, pero no, pues hablando con otras madres, resulta que están tan desesperadas, cabreadas y hartas como yo y tomaron la determinación que yo tomé; no recoger nada.

Hablando con ellas, llegamos a la siguiente conclusión: cuando recogen la ropa, las habitaciones, es porque algún amigo va a dormir a su casa esa noche. Tras lo cual, piensas: ¿Por qué no vendrán más a menudo los amigos a dormir a casa? Incluso, agradecerías que se quedasen a cenar, con tal de ver recogidas las habitaciones, pues aunque me dieran más trabajo en la cocina, este sería más liviano, pues donde comemos cinco comen seis, o siete, y ni se nota. Y lo más importante para mí; no comería sola tantas veces.

Bueno, ya está bien por hoy. Mañana continuaré, ya he escrito bastante. ¡Hay que ver qué gustillo se le toma a esto!

Cerró el librito y se quedó mirando a su amiguita. La perra la miró, ladeó la cabeza y levantó las orejas, al tiempo que con el rabo barría las hojas secas que había en el suelo, al rededor suyo. Se aupó hasta el brazo de la butaca, apoyando sus patas delanteras y lamió la mano de ella.

Ella siguió mirando el vacío que había dejado el animalito, como si viese más allá de las baldosas de gres, como si traspasase el suelo, como si su vista buscase el fondo de una sima inexistente.


AdripOZUELO
Villamanta, 2 de Agosto de 2008

2 comentarios:

AlbertoEstévez dijo...

Veo que hae mucho que no escribes, pero a mí me ha alegrado ver tu blog ya que yo medio resido en Villamantilla, donde tengo bastantes familiares. Ni que decir de Villamanta, que la conozco bastante bien. Recibe un cordial saludo.

martinalonso.adian@gmail.com dijo...

Pues nada vecino, encantado.
Ya escribiré algo, en cuanto tenga la mente más despejada para ello, pues últimamente la tengo ocupada en resolver problemas familiares; o mejor dicho, "desfamilirización" (vaya con el palabro)total, y claro, así no hay manera chico.
Nos leeremos.
Un saludo cordial.